EXPOSICIÓN: LAS COLECCIONES ESPAÑOLAS DE PIEDRAS DURAS


Museo Nacional del Prado. Galería Central, salas 16b y 32
27 de junio - 16 de septiembre de 2001

El Museo Nacional del Prado muestra en la presente exposición la gran riqueza, variedad y colorido de las delicadas piezas de mosaico y taracea de "piedras duras" procedentes de colecciones españolas.

Por primera vez se reúnen piezas conservadas en diversos museos de la Península, así como en colecciones particulares, que ponen de manifiesto la importancia de la historia de las colecciones españolas de piedras duras. Hay que destacar la presencia de objetos tan señalados como la mesa de Patrimonio Nacional sobre la que se firmó en 1986 el Tratado de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea [Cat. 43] o conjuntos tan notables como las nueve consolas de Carlos III [Cat. 27-31] o el dessert (adorno de mesa) fabricado por Valadier y que perteneció a Carlos IV, que se muestra ahora montado tal y como fue concebido [Cat. 40].

En el recorrido de la exposición se exhiben obras de los cuatro grandes talleres de producción de piedras duras -Florencia, Roma, Nápoles y Madrid- abarcando así las técnicas, estilos y gustos de los siglos XVI al XIX. Los aspectos que se abordan en el planteamiento de la muestra son los materiales más frecuentemente utilizados, los temas iconográficos o representaciones más habituales, así como los principales tipos de muebles para los que se destinaba este trabajo.

"PIEDRAS DURAS"

El término de "piedras duras" se utiliza para denominar, de una manera genérica, todo trabajo realizado con materiales pétreos. Sin embargo, no todas las piedras empleadas en estos trabajos son realmente "piedras duras". La dureza del material se mide con la tabla Mohs, considerándose "duro" a partir de 6 en dicha escala.

Pero no sólo se emplearon piedras duras (como ágata, cornalina lapislázuli y otras muchas de gran belleza y valor), sino también piedras blandas o mármoles como alabastros (cotognino, a tartaruga, etc) e infinitas variedades conocidas con nombres curiosos inventados por los marmolistas romanos y hoy aceptados universalmente: rosso antico que viene de Grecia, bianco e vero antico, que es de Aquitania, o lumachella, que es de Túnez.

TALLERES

La realización de mosaicos con mármoles y piedras duras, iniciada en la Antigüedad, vuelve a cultivarse en Roma a mediados del siglo XVI, según refiere Giorgio Vasari. Comienza entonces la creación de manufacturas, entre las que destacan la de Florencia -la principal, aún activa, patrocinada por los Médicis- y las de Roma, cuya producción está perfectamente representada en la Galería Central del Museo, donde se inicia la exposición, siguiendo el estilo manierista y barroco de los siglos XVI y XVII. El trabajo desarrollado en estos talleres estaba destinado fundamentalmente a los príncipes y a los grandes señores de las capitales europeas, debido al alto coste de los materiales, al tiempo empleado en su realización y a la dificultad técnica que entrañaba.

Una de las primeras obras documentadas perteneció al Duque de Toscana, Cosme I, que junto a sus hijos, los grandes duques Francisco y Fernando, fundó en Florencia una manufactura célebre en todo el mundo. Muy pronto esta técnica rara y costosa fue conocida por los españoles, dado que los Médicis enviaron a Felipe II un escritorio, del cual recientemente se han encontrado noticias a través de descripciones y documentos.

En Roma continuaron fabricándose obras importantes como el maravilloso tablero del Museo Nacional del Prado, donado en 1587 a Felipe II por el cardenal Michele Bonelli, sobrino de Pío V [Cat. 2].

En España, el cambio dinástico no significó el olvido de este extraordinario trabajo, sino que por el contrario, los Borbones fueron propulsores de esta expresión artística dentro de los nuevos estilos Rococó y Neoclásico, siendo el rey Carlos III su mayor protector. Tal fue su interés que fue el único soberano que fundó dos manufacturas; la primera en Nápoles, en 1737 cuando regía en aquel territorio, y la segunda en Madrid, en el Buen Retiro, cuando ocupa el trono español en 1759. En ambos casos hubo de recurrir a operarios florentinos, que seguían siendo los maestros más reputados. El Real Laboratorio de Piedras Duras del Buen Retiro produjo las nueve maravillosas mesas que pueden contemplarse en la exposición [Cat. 27-31], incluyéndose por primera vez en la historia la conservada en el Palacio de Ajuda, en Lisboa. La producción de estas manufacturas del siglo XVIII, así como su proyección en el siglo XIX, se muestra en la sala 16B.

MECENAZGO Y COLECCIONISMO

Los monarcas españoles se interesaron de manera particular por este tipo de labor. Felipe IV, coleccionista y mecenas extraordinario, adquirió obras de gran valor, como la mesa decorada con símbolos bélicos y turcos que perteneció a don Rodrigo Calderón [Cat. 5]. Recientemente, el Estado español ha adquirido en una subasta en Nueva York la pareja de este tablero, destinándola al Museo Nacional de Artes Decorativas [Cat. 46]. Al mismo tiempo que los monarcas, grandes personajes de la nobleza española o el clero compraron obras importantes en Italia, como el tablero enviado por Mons. Massimo a Felipe IV en 1626 [Cat. 12], el tablero encargado por el Virrey Duque de Osuna [Cat. 10], o la colección del poderoso Duque de Lerma, de quien se muestran tres de los bufetes que poseía.

Carlos IV, coleccionista y mecenas, adquirió también obras hechas en Italia y en Francia como el dessert (adorno de mesa) hecho por el mejor orfebre de Roma, Luigi Valadier [Cat. 40]. El dessert de Carlos IV, por primera vez reunido al completo, está actualmente dividido entre el Palacio Real -que conserva el "plateau" original- y el Museo Arqueológico Nacional. Otra obra importante adquirida por Carlos IV es la Mesa de las esfinges del Palacio Real [Cat. 23], hecha en París con bronces magníficos y con un tablero italiano de piedras duras de admirable calidad.

Además de adquisiciones directas, este tipo de trabajos fueron objeto de regalo entre los reyes, grandes nobles y altos cargos de la jerarquía eclesiástica, dentro de la entonces habitual política diplomática. Así lo confirma el mosaico de Los desposorios de Santa Catalina [Cat. 70] que podemos ver en esta exposición y que es un presente del papa Pío IX a Isabel II. El Papa mandó copiar en mosaico de piedras duras el lienzo de Murillo del mismo título que la Reina le había remitido como regalo.

LAS COLECCIONES ESPAÑOLAS DE PIEDRAS DURAS

En Europa existen tres importantes colecciones de piedras duras: la de Florencia, la del Museo del Ermitage en San Petersburgo, y la de Madrid. Las colecciones de Madrid, junto con las florentinas, son las más importantes por el hecho de tener una formación histórica. En concreto, las obras conservadas en el Museo Nacional del Prado proceden directamente de las Colecciones Reales. El conjunto puede dividirse en tres secciones.

Austrias. Este conjunto incluye una importante serie de tableros comprados por los monarcas, virreyes españoles o grandes nobles, como el Duque de Osuna, del que se conserva una mesa de 1614. Otras obras fueron donadas a los monarcas españoles por importantes personajes italianos, como el sobrino de Pío V. Los mismos monarcas de la Casa de Austria se encargaron de adquirir piezas en las almonedas de Madrid, como hizo Felipe IV después de la muerte de don Rodrigo Calderón.

La Real Fábrica de Piedras Duras de Nápoles. Las obras conservadas en el Museo Nacional del Prado y en el Palacio Real de Madrid constituyen el conjunto de la producción de la fábrica en los tiempos en que Carlos III era rey de Nápoles (17343-1759).

La Real Fábrica de Piedras Duras del Retiro. La producción de este laboratorio finalizó con la invasión napoleónica y se conserva de forma casi íntegra en el Museo Nacional del Prado, habiendo sido estudiada sólo a comienzos del siglo XX por Pérez Villamil y en tiempos recientes por Alvar González-Palacios, comisario de la presente exposición.


Con este conjunto deben relacionarse otras obras que se encuentran en el Palacio Real de Madrid -dos tableros realizados en Florencia en los años en que María Luisa de Borbón, hija de Carlos IV, era reina de Etruria-, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales -varios tableros con piedra de lava del Vesubio hechos para Carlos III-, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el Museo Nacional de Artes Decorativas y en el Instituto de Valencia de Don Juan.

Se ha considerado oportuno incluir también la pequeña, pero selecta, antología de mosaicos romanos de teselas diminutas que pertenecieron a los reyes españoles, y que en la actualidad se encuentran en el Palacio Real de Aranjuez y en el Palacio Real de Madrid, iniciada con los mosaicos regalados por Clemente XII a María Amalia de Sajonia con ocasión de su matrimonio en 1738.

La exposición se complementa con un exhaustivo catálogo de piedras, que recoge un intenso trabajo de investigación sobre las fuentes documentales, para datar y contextualizar históricamente cada una de las piezas.

Abarcado el conjunto en su complejidad y considerando que hasta ahora es un tema casi inédito, esta exposición pretende restituir el valor de las producciones de "piedras duras" como uno de los grandes episodios del mecenazgo y del coleccionismo europeo.