El Lavatorio de Jacopo Tintoretto.
Estudio y restauración de una obra maestra.

Durante 1999, y por espacio de doce meses, el Museo Nacional del Prado procedió a la restauración de El lavatorio que Jacopo Tintoretto pintara en 1547 por encargo de la "Scuola" o cofradía del Santísimo Sacramento para la iglesia de San Marcuola en Venecia, una de las grandes obras maestras de la pintura italiana del Renacimiento.

La limpieza, llevada a cabo por Isabel Molina, del taller de restauración del Museo Nacional del Prado, ha devuelto todo el esplendor a la pintura y ha ido acompañada de un exhaustivo trabajo de investigación dirigido por Miguel Falomir, jefe del departamento de pintura italiana del Renacimiento del Museo Nacional del Prado, cuyo fruto es el catálogo editado para la ocasión. En él se recogen estudios de Isabel Molina, Carmen Garrido y Miguel Falomir sobre el proceso de limpieza y las circunstancias históricas y técnicas que rodearon la génesis de la pintura, así como su influencia ulterior en Velázquez tras la llegada de la obra a España durante el reinado de Felipe IV. Unos y otros demuestran categóricamente que El lavatorio conservado en el Museo Nacional del Prado es el único autógrafo de Jacopo Tintoretto y el pintado originalmente para la iglesia de San Marcuola, frente a la opinión mantenida por ciertos historiadores desde 1976.
El resultado de este trabajo, patrocinado por GLAXO WELLCOME y la FUNDACIÓN POR LA MODERNIZACIÓN DE ESPAÑA, se presenta ahora al público en una pequeña exposición que sigue la línea preconizada por el Museo Nacional del Prado de dar a conocer la restauración de sus fondos. La muestra estará instalada en la sala 75 desde el 23 de octubre de 2000 hasta el 7 de enero de 2001.      

LA OBRA
El lavatorio: la primera obra maestra de Tintoretto

En 1547 la Scuola del Santísimo Sacramento de la iglesia de San Marcuola encargó Jacopo Tintoretto (1518/19-1594) El lavatorio y una Última cena aún conservada “in situ”. Estas “scuole” estaban dedicadas a fomentar el culto a la Eucaristía, y en sus reuniones, el guardián ofrecía a los cofrades agua bendita, gesto de humildad que recordaba al de Jesús lavando los pies a los apóstoles. Esta exaltación de la humildad era habitual en textos devocionales como I Quattro libri de la humanita di Christo de Pietro Aretino (1539), probablemente conocido por Tintoretto, que en 1545 había pintado para el escritor. El lavatorio delata asimismo la afinidad de Tintoretto con los “poligrafi”, perceptible en la confluencia de una profunda religiosidad con situaciones jocosas como el esfuerzo de varios apóstoles por quitarse las calzas.

El lavatorio es el resultado de un concienzudo proceso creativo. Tras trazar el escenario, Tintoretto introdujo los personajes pensando en el punto de vista del espectador. Si al contemplar frontalmente El lavatorio los personajes aparecen distribuidos aleatoriamente, la impresión cambia al mirarlo desde la derecha, desde una posición similar a la de la feligresía de San Marcuola. Desaparecen así los espacios muertos entre las figuras y el cuadro se ordena a lo largo de una diagonal que, partiendo de Cristo, prosigue por la mesa en la que aguardan turno los apóstoles para acabar en el arco al fondo del canal.  

El lavatorio ilustra la nueva concepción espacial que irrumpió en la pintura veneciana en la década de 1530 por influjo del manierismo toscano y romano, perceptible en el uso de un punto elevado en las composiciones, lo que unido a la inclusión de elementos arquitectónicos, les otorgó mayor dinamismo y profundidad. Esta tendencia se vio alentada con la presencia en Venecia de Sebastiano Serlio, de cuyo segundo libro de arquitectura (París, 1545) derivan el fondo arquitectónico y el despiece octogonal del pavimento.

Miguel Falomir Faus